Atlántico luso-español

Los historiadores académicos profesionales se puede decir que han tenido tres fases de estudio: la primera es la de doctorando y postdoctorando: en ella el deseo de dar contundencia intelectual a cada una de sus afirmaciones se refleja en trabajos rebosantes de bibliografía y una prosa forzada; en cada hoja de texto aparecen enormes pies de páginas que rompen la dinámica de la lectura. Esos trabajos se hacen duros de leer.

Con el tiempo el historiador asentado aprende a ajustar, a equilibrar, lo necesariamente objeto de demostración y lo no necesariamente objeto de demostración en dosis razonables. De esa manera, se consolida su estilo propio y se forja su propia personalidad intelectual, aunque, también hay que decirlo, llegado a ese punto, su intensidad de estudio se ralentiza.

O no: existe un tercer tipo de historiador, el popularmente llamado “sabio”, que, dedicando su vida literalmente nada más que al estudio, adquiere un prestigio enorme. Sus trabajos son sencillos, muy bien escritos  y plagados de perspectivas absolutamente sorprendentes y originales; sus deducciones son absolutamente precisas hasta el punto de dar sentido total, perfecto y lógico a lo tratado y, en tercer lugar, como ventaja añadida, debido a su entidad intelectual, fuera de toda duda, la demostración bibliográfica se hace innecesaria. A este nivel llegan muy pocos, requiere muchísimo esfuerzo añadido. En ellos se consolida soberbiamente el dicho: “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”.

John H. Elliott cumple escrupulosamente con la definición que hemos dado de “sabio”. El libro que proponemos como lectura de interés para este fin de semana, El Atlántico español y el Atlántico Luso. Divergencias y convergencias, transcribe la conferencia que nuestro autor dio en la apertura del XX Coloquio de Historia Canario-Americana llevado a cabo en la Casa de Colón de Las Palmas de Gran Canaria en octubre de 2012. En ella compara las trayectorias de ambos imperios, el español y el portugués desde sus inicios hasta sus finales.

Para Elliott el devenir histórico de ambos imperios se pueden dividir en cuatro momentos:

Primer Momento (hasta 1.580)

El primero se situaría cronológicamente entre el origen de ambos  imperios y 1.580, año de la unificación de las coronas de España y Portugal: España tuvo como absoluta prioridad incorporar plenamente los nuevos territorios a las formas de vida de la metrópoli en el más amplio sentido de la palabra; tres fueron sus actuaciones esenciales a este respecto: 1. Los habitantes de esas tierras, tanto aborígenes como metropolitanos, automáticamente se convirtieron en miembros de la monarquía hispánica de pleno derecho (con los mismos derechos pero también con los mismos deberes) garantizados unos y exigidos otros por la Inquisición Española, único elemento unificador de todas las tierras del soberano; 2. El proceso de conversión y culturización se inició inmediatamente: hacia finales de esta primera época ya existían 31 diócesis, cuatro arzobispados y también comenzaban a establecerse las primeras universidades y 3. Para evitar problemas se institucionalizaron las idas y venidas de la metrópoli a sus territorios fundándose la Casa De Contratación de Sevilla en 1.503 y se organizó la defensa, tanto de los territorios como de las comunicaciones. Portugal, por su parte, teniendo puestos los ojos mucho más en sus posesiones asiáticas gracias al comercio de las especias, dejó de lado Brasil. Incluso las rutas comerciales las hacían barcos extranjeros con patente portuguesa. Lentamente, de todas formas, fue siguiendo los mismos pasos estructurales de España.

Segundo Momento (1.580-1.640)

Entre 1.580 y 1.640, las coronas de España y Portugal permanecieron unidas y durante ese tiempo se puede decir que sí que existió, según Elliott, un auténtico “Océano peninsular”: España, simplemente por su mayor capacidad militar, se encargó de la protección de todas las nuevas rutas que se incorporaban al nuevo imperio y Portugal de los pormenores estrictamente comerciales. Al amparo y aprovechándose de la nueva situación los, cada vez más codiciosos mercaderes portugueses actuaban en la clandestinidad comerciando y tratando con franceses, holandeses e ingleses de tal manera que paradójicamente, bajo el auspicio de la todopoderosa estructura militar española, el Atlántico se hacía, cada vez más un océano extranjero. España fue, progresivamente, cada vez más consciente de esta realidad y, como no podía ser de otra manera, esta situación tenía que explotar tarde o temprano. En 1.640, los portugueses, ya muy confiados en sí mismos, tras una guerra, se volvieron a independizar de España y sendos imperios volvieron a separase. Ahora cada uno volvía a actuar, de nuevo, por si mismo.

En el mapa que les ofrecemos a continuación los territorios españoles están coloreados en rojo y los portugeses en verde; las flechas representan las principales rutas comerciales. He aquí las posesiones españolas entre 1.580 y 1640.

imperio español

Tercer Momento (1.640-1.800)

Entre 1.640 y 1800 dos son los personajes más importantes de ambos imperios: en Portugal el Marqués de Pombal y en España José de Gálvez. Ambas coronas eran conscientes de que sus respectivas estructuras comerciales habían caído en muchos casos en manos extranjeras y actuaron de la misma manera: recentralizándolo todo de nuevo. Las políticas españolas fueron más agresivas que las portuguesas debido a que las poderosas élites españolas coloniales y la iglesia, dotadas de todo tipo de infraestructuras, sobretodo culturales (universidades e imprentas propias) e influenciadas por las ideas ilustradas, por los libros que circulaban clandestinamente y por las visitas constantes de extranjeros, empezaron con cada vez mayor presión a intentar desentenderse primero y desligarse después de la metrópoli. Todo lo que, con el paso de los siglos, les había dado la metrópoli, se puso, de nuevo paradójicamente, en su contra. Portugal, por el contrario, había llevado una política más comercial que cultural, Brasil carecía de importantes infraestructuras coloniales y, lo que es más importante, carecía de universidad y de imprenta. Sin la necesidad, por tanto, de optar por una centralización tan agresiva como la española optó por la integración como prioridad.

Cuarto Momento (1.800-1.902)

A partir de 1.800 la situación saltó y estas nuevas élites optaron directamente por desvincularse de la metrópoli. En el caso portugués la insostenibe situación, según nos dice Elliott, no desembocó en una larga y dramática guerra: con la aparición de Napoleón en escena y por la presión Británica, (el Atlántico ya era un océano predominantemente Británico), la corte portuguesa se trasladó a Brasil, los vínculos con la metrópoli cada vez fueron más difíciles y la independencia (1.825) se puede decir, quizá exagerando un poco, ocurrió de forma espontánea tras una corta guerra de dos años. En España, nos dice Elliott: Fue el vacío político originado por la abdicación forzosa de Fernando VII lo que precipitó el colapso de la autoridad en el imperio de las Indias español y despejó el camino para los movimientos rebeldes y revolucionarios que acabarían por llevar a la independencia. Independencia que se llevó a cabo tras una dramática y sangrienta guerra que duró desde 1.809 (Independencia de Ecuador) hasta 1.902 (Independencia de Cuba), ¡¡casi 100 años!!

De muchas cosas que nos cuenta Elliott no hemos hablado en esta reseña: el tráfico de esclavos, la protección de los Indios, la expulsión de los Jesuítas de las tierras americanas, algunos episodios políticos y militares claves; algunas instituciones importantísimas etc. Pero, no se apuren, todo lo pone nuestro autor en su preciso lugar. El resultado es un precioso librito de 52 páginas que nos acerca de forma lógica y profundamente coherente, casi intuitiva, al devenir histórico de ambos imperios en todos sus aspectos.

¡¡52 páginas ya me dirán; quien no puede leer 52 páginas en dos días!! ¡¡En la librería nos portamos cada día mejor!! ¿o quizá estemos promocionando en exceso la vagancia lectora ya de por sí característica de los españoles? (Importante, este último, elemento de autoreflexión); por no hablar de su, casi inmoral, precio: ¡¡solo 5,20 euros!!. ¿Cómo se les queda el cuerpo?

¡¡Feliz lectura y feliz fin de semana a todos!!

Ficha del libro: El Atlántico español y el Atlántico luso: divergencias y convergencias, John H. Elliott (2012), Publicaciones del Cabildo de Gran Canaria 2.014.

Alfredo Tiemblo Magro

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