ideasSobre la civilización egipcia todos estamos de acuerdo en dos aspectos: se trata de una civilización compleja, es muy difícil desmenuzarla en esquemas de pensamientos lógicos y se construye, toda ella, en torno a la idea de inmortalidad, de perdurabilidad, de superación de la muerte.

Entre toda la ingente bibliografía disponible que existe he elegido uno de los libros que, a mi entender, explica de la forma más clara y concisa los valores esenciales del mundo egipcio antiguo. Como no podía ser de otra manera, el libro debería, y así es, de explicar fundamentalmente la escatología. Entender los términos en los que la muerte y el más allá se manifiestan hace entender, si no todas, sí una gran mayoría de las claves culturales del mundo antiguo egipcio. El libro además tiene un aliciente añadido: una gran parte de, Ideas de los Egipcios sobre el más allá, que así se titula, está construido a base de textos originales; textos de hasta tres y cuatro páginas de longitud.

Su autor, Ernest Alfred Thomson Wallis Budge (1857-1934) fue un eminente egiptólogo y filólogo británico que ostentó el cargo de Conservador del Museo Británico desde 1893. Se le conoce, sobretodo, por haber sido el primer traductor de la conocida versión del Libro de los Muertos, recuperada en el llamado Papiro de Ani (Dinastía XIX).  Fue autor de unas 140 obras.

El no excesivamente extenso trabajo, está dividido en cinco capítulos, a saber: Capítulo I. La creencia en Dios Todopoderoso; Capítulo II. Osiris, el Dios de la Resurrección; Capítulo III. Los “dioses” egipcios; Capítulo IV. El juicio de los muertos y Capítulo V. La resurrección y la inmortalidad.

En el capítulo primero se defiende la idea, aún aceptada por ciertos especialistas, de que la religión egipcia era de base monoteísta, si bien empapada en todo momento, en unos momentos más que en otros, de creencias politeístas, tanto contemporáneas como anteriores; creencias estas, y en esto incide mucho, que nunca, ni en los primeros momentos, le hicieron perder la esencia monoteísta. Así comienza el libro:

El estudio de los antiguos textos religiosos de Egipto convencerá al lector de que los egipcios creían en un Dios Único que era existente por sí mismo, inmortal, invisible, eterno, omnisciente, todopoderoso e inexcrurable; hacedor de los cielos, la tierra y el mundo subterráneo; creador del cielo y del mar, de los hombres y las mujeres, los animales y los pájaros, los peces, los seres reptantes, los árboles y las plantas, y los seres incorpóreos en general. (…) La totalidad de su teología y de su religión se basaba en ella. (…) Es cierto que también desarrollaron ideas y creencias politeístas (…) Pero, no obstante todas estas derivaciones (…) esta idea sublime nunca se perdió de vista, si no que, al contrario, aparece en la literatura religiosa de todos los períodos.

Cabe preguntarse: Entonces, ¿qué sentido tienen entonces las numerosísimas alusiones a multitud de dioses distintos? La respuesta es la que, aún en nuestros tiempos, los defensores del monoteísmo egipcio ofrecen: se trata de aspectos de una sola potencia divina. El nombre de este dios único sería Neter; su denominación posterior y más conocida sería Ra (el dios solar) y sus diversas manifestaciones se llamarían, en conjunto, Neteru. Cada dios egipcio sería pues un Neteru de Neter-Ra.

wallisLos capítulos segundo y tercero son, a mi entender, los menos interesantes, en ellos se trata de dar, digamos, cuerpo mitológico al imaginario de la muerte y la resurrección, de la que se hablará pormenorizadamente en los dos capítulos siguientes. Cabe destacar, sin embargo, en el capítulo segundo una idea importante que luego se explicará mejor: parece indudable que los egipcios creían en la necesaria desaparición del cuerpo terrenal; ¿por qué su embalsamamiento entonces? Para hacer germinar en las mejores condiciones posibles, de su cuerpo terreno, su copia espiritual, el llamado Sahu.

En el siguiente capítulo, se exponen y se desarrollan los sucesos acaecidos justo desde el momento inmediatamente después del óbito hasta la ejecución del famoso juicio del alma por Osiris. Reunida toda la información resulta el siguiente esquema:

1.El difunto, de aspecto traslúcido, recién muerto, alaba al dios Ra y a su hijo Osiris.

2.Después entra en la llamada Morada de Las Maat (Isis y Neftis) diosas de la integridad personal y la justicia.

3.Se trata de una gran sala, cuya descripción varía según los papiros, en la que están sentados, en los textos anteriores a las Dinastías XVIII y XIX  menos de 40 dioses y, a partir de las mismas, y de forma ya invariable hasta el final, 42.

4.Va pasando el difunto por delante de cada uno de los dioses y va haciéndoles una confesión negativa. Transcribimos las cinco primeras confesiones negativas aparecidas en el Papiro de Un:

1.Salud Usekh-nemnet (es decir, El de largas zancadas) que vienes a Annu (Heliópolis), no he cometido iniquidad.

2.Salud Hept-seshet ( es decir, Abrazado por la llama), que vienes de Kher-aba, no he robado con violencia.

3.Salud Fenti (es decir, Nariz), que vienes de Khemennu (Hermópolis), no he cometido violencia contra ningún hombre.

4.Salud Am-Khaibitu (es decir, Comedor de sombras), que vienes de Quereret (es decir, la caverna donde nace el Nilo), no he cometido robo.

5.Salud Neha-hra (es decir, Cara apestosa), que vienes de Restau, no he matado a ningún hombre ni a ninguna mujer. (…)

5.Después el difunto llega a la sala del juicio: en ella están Osiris con la balanza, Tot y Am-Mit. En un lado de la balanza se coloca el corazón del difunto y en el otro la pluma (representación de la integridad y la justicia).

6.Tot, el escriba de los dioses, toma nota del resultado del pesaje: La salvación del individuo se produce si la balanza queda equilibrada. Si la balanza se desequilibra moviéndose a uno de los dos lados, el monstruo Am-Mit, se come el corazón del difunto, ese es el castigo.

7.Muchas son, según los textos egipcios, las posibilidades de existencia del hombre salvado. En este capítulo se resumen, pero se explican de forma más precisa en el último capítulo del libro.

papiroEl capítulo cinco del libro se divide en tres partes: en una primera se exponen y se explican en detalle las partes constituyentes del ser humano según la doctrina filosófica egipcia. En la segunda se estudia el proceso de resurrección del difunto: entre su muerte y la llegada de su alma al juicio. Y en la tercera se enumeran las distintas posibilidades escatológicas del hombre justo tras su muerte y su juicio.

Tras una breve exposición de las hipotéticas nociones sobre la inmortalidad del mundo egipcio más antiguo (hasta la IV dinastía más o menos) en la que se vuelve a insistir en ese monoteísmo religioso casi contemporáneo al mismo origen del pueblo egipcio, se comienzan a estudiar las ideas del egipto moderno, desde la IV Dinastía.

Las partes constituyentes del ser humano son las siguientes: 1.Khat: El cuerpo físico; 2.Ka: El “doble” del cuerpo; el cuerpo espiritual de existencia absolutamente independiente del anterior. 3.Ba: Traducido por “Sublime” o “noble” se identifica con el alma. Moraba en el seno del Ka; 4.Khu: Es la inteligencia o espíritu del hombre; los Khus, según nos cuenta el autor, formaban una clase de seres celestiales que vivían con los dioses pero sus funciones no están claras; 5.Sekhem: Es el dominio, el poder, la fuerza vital personificada; 6.Khaibit: Es la sombra: relacionada con el alma de alguna manera, el autor no nos da más información sobre ella y 7.Ren: La identidad especial de un hombre, el “nombre” al que los egipcios daban mucha importancia: Si el difunto conocía los nombres de los seres divinos, ya fueran amigos o enemigos, y sabía pronunciarlos, inmediatamente adquiría un poder sobre ellos y podía hacer que ejecutaran su voluntad. A efectos propiamente escatológicos y para facilitar las cosas, el autor dice que estos siete conceptos se pueden unificar en tres: cuerpo alma y espíritu.

 
ani 3¿Cómo se desarrollaba el proceso de resurrección de cada individuo?; en tres fases: 1.las plegarias y los rituales de los sacerdotes en el momento del su óbito, así como el embalsamamiento, hacían posible que el cuerpo material (Khat), mudase a cuerpo espiritual (Sahu), tal y como se ha dicho unas líneas más arriba. 2.El alma del individuo (Ba), se trasladaba entonces, del cuerpo físico al cuerpo espiritual y allí queda alojada. Ni que decir tiene que el cuerpo terrenal, una vez cumplida la misión de ser germen del cuerpo espiritual, acababa en mayor o menor tiempo corrompiéndose y 3.El cuerpo espiritual y su alma serían los protagonistas a partir de ahora, de la vida de ultratumba.

¿Qué destinos escatológicos le esperaban a los hombres cuyo corazón mantenía equilibrada la balanza en el juicio, demostrando así su rectitud?  El autor enumera siete aspectos de esta nueva vida port-mortem: 1.Vivir en comunidad con los dioses compartiendo sus manjares y formas de vida en el llamado Campo de la Paz. 2.Poseer tierras propias con ganados y trabajarlas sin esfuerzo alguno ni problemas. Vivir felices, pues, una vida de total plenitud en los denominados Campos de los Juncos; Campos Elíseos o, simplemente, en el paraíso. 3.Vida esta en la que, por supuesto, se reconocen entre sí y se relacionan, al modo terrenal, familiares y amigos. 4.Ciertos poderes y atribuciones especiales tales como: 4.1.Viajar por los mundo subterráneos sin riesgo alguno y con poderío sobre sus feroces pobladores; 4.2.Navegar en la barca solar de Ra por aquellos mundo oscuros así como, por supuesto, por los mundo luminosos del cosmos y 4.3.Convertirse en el propio dios Ra.

Se trata de un precioso libro que, ni que decirse tiene, puede también considerarse como lectura recomendada para este fin de semana o puente pre-navideño para los que no trabajen el lunes. Aún siendo un texto clásico, se publicó hacia 1900, es una perfecta herramienta para comprender, de forma muy sencilla las principales ideas religiosas de los egipcios de la antigüedad así como para poder oírlos de primera mano y abundantemente.

¡¡Feliz fin de semana o puente y feliz lectura!!

Ficha del libro: Ideas de los Egipcios sobre el más allá, E.A.Wallis Budge, 1899-1900, Olañeta, Madrid 2006

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