MesopotamiaEl 15 de diciembre de 2007 murió en Francia Jean Bottéro; para mí uno de los grandes asiriólogos (así se denominaban los especialistas en la Mesopotamia antigua). Quise, en el décimo aniversario de su fallecimiento, rendirle un pequeño homenaje recomendando uno de sus libros pero, lo reconozco, el tiempo se me pasó; tampoco estoy radicalmente atento a aniversarios de óbito de ningún tipo, lo reconozco. Helo aquí pues.

De entre su interesantísima producción intelectual, a mi modo de ver, el trabajo en solitario que más atractivo me resulta, y que se ha publicado en español se titula: Mesopotamia. La escritura, la razón y los dioses. En 1987 nuestro autor reunió una serie de artículos, a los cuales añadió unos cuantos estados de la cuestión escritos ex profeso, con el objetivo de reconstruir el pensamiento mesopotámico. No, no estoy hablando de la política, de la sociedad, de la arqueología o de la economía, hablo, probablemente, de lo más atractivo, o del objetivo último, y el más difícil sin duda alguna, que todo estudioso de la antigüedad puede desear conseguir de su objeto de estudio, a saber: el desentrañamiento de las actitudes de un pueblo frente a la totalidad; la cultura (en el sentido más amplio que a este término pueda dársele).

Para su audaz objetivo, el autor divide el libro en cuatro partes; la primera, La Asiriología, es, quizá, la menos original: en ella se expone un estado de la cuestión-balance de los estudios mesopotámicos desde sus inicios hasta su época. En la atractivísima segunda parte: La escritura: tras hacer un recorrido cronológico por los sucesivos desciframientos de las diversas escrituras cuneiformes, se nos explica el soberbio valor cultural, más allá de la mera exposición, que la palabra, y además fijada por escrito, tenía en el pensamiento mesopotámico antiguo, y es que: 1.El nombre o denominación de alguien o algo incorpora la totalidad de la existencia de lo denominado. 2.Expresando, de forma completa y perfecta todos sus rincones. 3.De tal manera que era impensable, por pura lógica, la conversión en toda una naturaleza sutil en una mera combinación hasta cierto punto aleatoria de sonidos.

La tercera parte: La razón: Instituciones y mentalidad, nos explica otros dos aspectos fundamentales de la perspectiva vital mesopotámica: En primer lugar la relación entre dioses y hombres: según nuestro autor, a muy grandes rasgos, las relaciones entre lo divino y lo humano eran similares a los diversos momentos de un juicio: 1.Los dioses organizaban el mundo a su antojo y daban señales a los seres humanos, directa o indirectamente, de lo que podría suceder. Esto explica el pleno sentido de la mántica, muy desarrollada en esta civilización. 2.Los hombres, ante el descubrimiento mediante diversos métodos, del posible futuro que les sobrevenía podían apelar a los dioses con los denominados exorcismos. 3.Una vez hecho el exorcismo, solo les quedaba esperar a la decisión final de las divinidades.

Jean BottéroTodo este sistema de adivinación desarrollado por los mesopotámicos, defiende el autor, tenía una base plenamente científica, segundo aspecto abordado en esta parte del trabajo, que la podemos resumir en dos puntos: 1.Hubo un tiempo pasado en que se recopilaron sucesos de todo tipo relacionados o vinculados a acontecimientos. Esta recopilación sistemática crearía toda una tradición. 2.Como los dioses organizaban el mundo a su antojo, era de esperar que, ante los mismos sucesos, se produjeran los mismos acontecimientos. No era descabellado pensar que un suceso que se repitiera, diera lugar al mismo acontecimiento que estuvo en su día asociado a él.

Un par de apuntes más completan esta interesantísima tercera parte: un ligero estudio del código de Hamurabi y de otros códigos permite poner en tela de juicio a Jean Bottéro el carácter estrictamente legal de los código tratándose más bien de expresiones del buen hacer administrativo y personal de cada uno de sus creadores y no de leyes fijadas para perpetuarse. Por último se pone de manifiesto la estructura moral de los mesopotámicos, estructura esta en la que la sexualidad tanto homo como hetero parecía ser algo natural no sujeto a prescripciones morales. Los marginados, por otro lado, (prostitutos, prostitutas, brujos, hechiceros y estáticos) estaban marginados, no por códigos morales, si no porque se les consideraba relacionados con ciertas fuerzas sobrenaturales difíciles de comprender. Causaban pues, a la vez: ambivalencia, ambigüedad, peligrosidad, fascinación y miedo. Los dioses les habían dado, sin duda alguna, un inquietante, pero muy inquietante, papel en la existencia humana.

La cuarta parte Los “dioses” religión, junto a la primera, resulta ser la de “aires de estudio” más tradicionales. Después de un recorrido, digamos, habitual por las cosmogonías, la mitología y la naturaleza de ciertos dioses, revisa y corrige el sentido de un complicado texto antiguo conocido como Diálogo pesimista de cronología no anterior al siglo XII a.C. El trabajo se cierra con un interesantísimo estudio sobre la muerte dividido en diversas partes, si bien esperadas en un estudio de esta índole, no por ello atractivas en extremo: La muerte y el muerto; Tras la muerte; El viaje (del muerto); La estancia en el infierno y La dependencia de los muertos. Un punto cabe destacarse aquí: la solución a una aparente contradicción casi insoslayable: sí, como dicen todos los textos escatológicos, los muertos llegan al País sin retorno, ¿cómo es que en ciertas ocasiones pueden volver, aparecerse e incluso asustar a los vivos?: En vida el papel de los hombres era servir a los dioses y no esperar nada más. Los hombres muertos mantienen su papel en el infierno. A veces los dioses del inframundo les encargan trabajos de diversa índole fuera de su ámbito: salen, cumplen sus deseos y vuelven. En cualquier caso, como bien dice nuestro autor: A pesar de la convicción de que la muerte marcaba el paso definitivo a otro universo, los antiguos mesopotámicos, impresionados por tales expoeriencias, no pudieron resisitirse a las imaginaciones que suscitaban. Y digo yo ¿Quién puede rsisitirse, aún en nuestros días?.

¿Quién se atreve a explicar el pensamiento, ahí es nada, nada más y nada menos que el pensamiento, de los hombres pertenecientes a una civilización tan antigua. Una de las más antiguas de la humanidad sino la más? Jean Bottéro lo hizo y, en términos castizos, ¡a fe mía que lo hizo muy, pero que muy, bien!. Además, su soberbia trayectoria intelectual, que en historia no vale cualquier cosa,  avala todas y cada una de sus arriesgadas afirmaciones. ¿Qué es la vida, y sobretodo la vida académica, sin un poquito de riesgo? ¿Qué es la historia sin lo subjetivo? Se lo digo yo: ambas cosas sendas soserías.

¡¡Feliz semana y feliz lectura

Ficha del libro: Mesopotamia, La escritura, la razón y los dioses Jean Bottéro (1987), Cátedra Madrid 2004.

 

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