cuadernos 2Todo apuntaba en occidente, desde la época grecolatina, a que el pensamiento racional y científico iban a ser las señas de identidad evolutiva de nuestro viejo continente. Y todo ello porque, por esas fechas, se empezaron a buscar respuestas a la dinámica natural del universo en el propio universo, en la propia naturaleza. Pero el ser humano, esto es innegable, es un ser trascendente; su medio de supervivencia como especie no es  la adaptación al medio, como el resto de los seres vivos, sino su transformación, por mor de  su capacidad de abstracción.

Así pues, era de esperar que el hombre occidental, científico, buscase también explicaciones trascendentes en la propia naturaleza. Y la gran pregunta trascendente del ser humano es, y siempre ha sido, la finalidad de su existencia. Y la gran respuesta, la que anularía de raíz o  invalidaría plenamente esa pregunta: la inmortalidad, la eternidad, despojada de todo su contenido religioso. La finalidad de la existencia sería, pues la búsqueda de la inmortalidad. Y de esto, precisamente, es de lo que se encarga, a grandes rasgos la alquimia.

En este contexto no es de extrañar que eminentes observadores minuciosos de la naturaleza buscaran las respuestas tanto de lo observable como de la eternidad en el propio universo natural. Tal es el caso del autor y el libro que vamos a recomendar para esta semana.

Isaac Newton (1642-1727), como todo buen científico, planteó y trató de responder a preguntas cosmológicas en su importantísima bibliografía científica. Pero le quedaba preguntar a esa misma naturaleza por “lo otro”, y, obviamente, lo hizo, y con muchísima insistencia. El libro que proponemos como lectura de esta semana, Cuadernos alquímicos, reúne una selección de la importantísima y vastísima obra alquímica que Newton dejó como legado. Se recogen pequeños tratados o reflexiones sobre diferentes aspectos del riquísimo, en variedad y en matices mundo de la alquimia que consiste, esencialmente, (y perdón por mi quizá excesiva generalización) en descubrir, dentro de la propia naturaleza, aquellos elementos que proporcionan la inmortalidad.

Parece claro el discurso lógico: si la naturaleza explica todo lo observable en ella misma, también debería explicar en ella misma lo inobservable.

¡¡Feliz semana!! Y ¡¡Feliz lectura!!

Ficha del libro: Cuadernos alquímicos, Isaac Newton, Hermida Editores Paracuellos del Jarama (Madrid) 2018.

 

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